EUTOPÍA. Revista de Desarrollo Económico Territorial N.° 12, diciembre de 2017, pp. 7-21

Transformaciones territoriales en la Amazonía: indígenas, campesinos, fronteras y colonización

Territorial transformations in the Amazon: indigenous, peasants, borders and colonization

Fernando Guerrero C.

Fecha de recepción: 24 de octubre de 2017

Fecha de aceptación: 30 de noviembre de 2017

DOI: http://dx.doi.org/ 10.17141/eutopia.12.2017.3134


Profesor-investigador de la Escuela de Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Doctorado en Estudios Sociales Agrarios de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina. Exdirector del Instituto de Estudios Ecuatorianos y del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Humanas de la PUCE. Correo: feguerrero@puce.edu.ec.


Resumen

El artículo hace un balance sobre los aspectos principales que se deducen del proceso de expansión de la frontera agrícola en la Amazonía ecuatoriana con énfasis en el nororiente en donde se desarrollan actividades de explotación petrolera desde la década de 1960. Tal proceso, al igual que la colonización, junto con el ingreso de las empresas agroindustriales y madereras tuvo como trasfondo el discurso oficial de la “Amazonía como territorio vacío”. Plantea además, el papel que ha jugado la reproducción de las economías campesinas en la expansión del capital y, consecuentemente, en la integración de tierras al mercado interno y al Estado nacional. En el artículo se advierte que gracias a los flujos de colonización y sus efectos acumulados sobre la dinámica de la población está cobrando fuerza la “urbanización” de la Amazonía. En este contexto, los pueblos indígenas, así como los asentamientos poblacionales (afectados por la contaminación ambiental petrolera) permanecen como actores subordinados y excluidos de los frutos del “desarrollo”. Por último, el trabajo presenta de manera breve los artículos que forman parte del No. 12 de la revista EUTOPÍA de FLACSO, sede Ecuador.

Palabras clave: campesinado; deforestación; frontera agrícola; pueblos indígenas.

Abstract

This article analyses the main issues related with the expansion of the agricultural frontier in the Ecuadorian rainforest, emphasizing oil extraction impacts in the northeast region since 1960. Oil extraction, land colonization, the expansion of agro-processing and wood industries influenced the discourse of “Empty Territory Rainforest”. The article also points out the role of indigenous and peasant economies in capital expansion, as well as the integration of their land to the inner market and State ownership. Thereafter, colonization flows and their cumulative effects over the population dynamics is promoting “urbanization” of the Ecuadorian rainforest. In this context, the indigenous people, as well as human settlements, both affected by the environmental impacts of oil industry, remain as agents subordinated to and excluded from “development”. Lastly, the articles in Journal “EUTOPIA”, No. 12 edition, of FLACSO-ECUADOR are introduced.

Key words: agricultural frontier; deforestation; indigenous people; peasantry.

Consideraciones generales

Una visión general sobre las investigaciones de los territorios de la Amazonía aporta, a primera vista, una imagen compleja compuesta por un mosaico de situaciones territoriales caracterizadas por la coexistencia de diversos actores: desde pueblos indígenas y colonos, hasta trabajadores (migrantes temporales y definitivos) dedicados a las actividades mineras, la explotación petrolera y los servicios. A estos últimos se suman los pobladores urbanos, es decir, actores emergentes y que en la actualidad son los protagonistas de un proceso novedoso al que se ha denominado como la “urbanización amazónica”. A esta diversidad de actores, también se añaden las distintas medidas y políticas que de manera sucesivas han adoptado los Estados no solo con referencia al proceso de colonización, sino también con respecto a la delimitación de los territorios de los pueblos indígenas, la explotación de recursos naturales (las concesiones a empresas trasnacionales) y el establecimiento y manejo de las áreas protegidas.

Dentro de este “mosaico de situaciones territoriales” no deja de llamar la atención la influencia que ha jugado el mercado interno e internacional en las estrategias productivas de los pequeños y medianos campesinos, así como en los productores dedicados a la palma africana y la ganadería, entre otros. Los períodos de auge y crisis en la demanda del café y cacao han estado y siguen estando estrechamente relacionados con el desarrollo de sistemas agrícolas intensivos y, consecuentemente, con otra de las problemáticas de las tierras amazónicas, a saber, el ritmo de la deforestación de los bosques primarios. Asimismo, el incremento de las tasas de crecimiento de la población de las áreas urbanas y rurales tiene mucho que ver con el aumento de la producción de arroz, maíz y plátano, entre otros cultivos, en el nuevo contexto de la urbanización amazónica. En este último caso, el incremento de los cultivos de ciclo corto, orientados tanto al autoconsumo de las unidades familiares campesinas como a las poblaciones urbanas, también constituye un elemento a considerar en el avance de la deforestación.

La diversidad de actores, políticas y estilos de desarrollo varían no solo entre los países de la cuenca amazónica, sino también al interior de las propias regiones (circunscripciones político-administrativas) de los países con acceso a la cuenca. Así, las características del desarrollo económico y social de las provincias del sur de la Amazonía ecuatoriana (Morona Santiago y Zamora Chinchipe) son diferentes a las de las provincias localizadas en el nor-oriente. Las primeras, centradas en la ganadería a manos de pequeños y medianos productores y el desarrollo de asentamientos poblacionales y sistemas agrícolas estrechamente relacionados con el eje de desarrollo económico de las ciudades de Cuenca y Loja; en tanto, que las segundas muy dependientes de las actividades petroleras y la colonización espontánea, a lo largo de los ejes viales abiertos por las empresas petroleras trasnacionales y el Estado ecuatoriano.

Antes de presentar los artículos que componen el número 12 de la revista EUTOPÍA, conviene referirse de manera general a los aspectos principales que se desprenden de los estudios sobre las trasformaciones territoriales de la Amazonía y el papel que han jugado sus diversos protagonistas, entre ellos, los pueblos indígenas, los colonos, el Estado y las empresas dedicadas a la explotación y extracción de recursos naturales.

En el principio fueron los estudios de “frontera”

Bajo el alero de lo que podríamos denominar, de manera genérica, como “estudios de frontera”, en América Latina y en Ecuador se cobijan un gran número de investigaciones e, incluso, ensayos que enfatizaron la importancia de crear “fronteras vivas” ya sea bajo la forma de proyectos de colonización dirigidos, semi-dirigidos o bien a partir de asentamientos espontáneos. En el trasfondo de estas medidas se encontraba la urgencia integrar los territorios de las fronteras al Estado nacional y también la necesidad de poner en práctica las políticas derivadas de la doctrina de la seguridad nacional. Dentro de los estudios de frontera también surgieron una serie de preocupaciones de carácter económico que tenían que ver con una política de incorporación de tierras consideradas como “marginales” al mercado interno. Esta preocupación estuvo presente en organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y, en el caso ecuatoriano, en el Anteproyecto de la Ley Agraria (Junta Nacional de Planificación 1958), que planteaba la necesidad de constituir, vía colonización y reforma agraria, un estrato medio de productores (una especie de campesinos farmer) con potencialidades para vincular no solo a la agricultura comercial, sino también al sector de la agroindustria.

Para esto, el Estado ya contaba con la “Ley de tierras baldías y colonización” (1936) cuyo objetivo era ordenar la ocupación de tierras a través de la reversión de propiedades no cultivadas al Estado y de la adjudicación de tierras a colonos (Barsky et al. 1982). De los anterior se desprendieron por lo menos dos líneas de investigación: una de ellas, centrada en los impactos de las políticas de explotación de los recursos naturales sobre los pueblos indígenas y, otra, la funcionalidad de las economías campesinas en relación al eje de expansión territorial del capital representado por las empresas petroleras trasnacionales, las madereras y la agroindustria (palma africana) (Trujillo, Ruiz y Guerrero 1984).

En este marco, de la “frontera” entendida desde la perspectiva de los conflictos limítrofes con nuestros vecinos Colombia y Perú, y desde la necesidad de la integración del territorio nacional a través de una mayor presencia de ecuatorianos en las zonas limítrofes transitamos, en el lapso de varias décadas, a la preocupación de la “frontera” como espacio de transición entre zonas pobladas y zonas consideradas como poco pobladas o que han sido ocupadas esporádicamente. Evidentemente, esta última noción de la frontera abrió un amplio debate entre académicos y planificadores, dado que en el trasfondo se encontraba implícita una impronta etnocentrista en la medida en que distingue entre el espacio de un grupo (la sociedad nacional) y el espacio de los “otros” (Braticevic 2013; Salizzi 2012; Reboratti 1990).

La frontera como espacio “vacío”

Originalmente, quien abordó la compleja situación de la frontera fue el historiador norteamericano Frederick. J. Turner, a partir de una exposición realizada en 1893 sobre la colonización y conquista del oeste norteamericano. En este discurso aparece el “mito fundador de la nacionalidad de Norteamérica” (Salizzi 2012) y también la concepción de las áreas de colonización como “espacios vacíos”. En otros términos, el avance hacia el oeste norteamericano desconoció no solo la territorialidad y los derechos ancestrales de los pueblos originarios del oeste, sino que también afirmó la superioridad de una raza destinada a generar una nueva forma de organización social, basada en los ideales democráticos. Quienes han analizado el mito fundador de la nacionalidad norteamericana, también señalan que “la frontera fue una válvula de seguridad que alivio la pobreza y promovió en la frontera la equidad económica” y que “el hostil entorno de la frontera animó a los hombres a inventar, a modificar viejos modos y a beneficiarse del contacto con inmigrantes de diferentes procedencias” (Salizzi 2012).

A partir de la concepción turneriana de la frontera, varios investigadores han tratado de buscar las similitudes y diferencias con lo ocurrido en la colonización, sobre todo, de las tierras tropicales de la cuenca del Amazonas. Octavio Velho (2009), al abordar el proceso de expansión agrícola hacia la Amazonía brasileña, critica la idea de Turner como generadora de democracia e independencia y, por el contrario, destaca la reproducción de formas de dominación de los campesinos que venían de sistemas de represión de fuerza de trabajo de los estados del nordeste brasileño. Si bien en el caso brasileño, los primeros asentamientos en la frontera estuvieron compuestos por pequeños campesinos, a partir de 1974, las políticas cambiaron a favor de la especulación e inversión a gran escala en el sudeste del país gracias a la construcción de carreteras, la libre distribución de tierras y la aplicación de un conjunto de incentivos para las inversiones en la región (Havilla 1998).

Gabriela Schiavoni (1997) explora con mayor detalle el significado de la frontera como espacio vacío, al referirse al proceso colonizador en Misiones, en la frontera entre Argentina y Brasil. Retomando las implicaciones de la concepción turneriana de la colonización, plantea que la idea de espacios vacíos (léase sin pueblos originarios) abrió el camino para el desarrollo de situaciones contradictorias. Por una parte, los discursos oficiales, al “vaciar” (demográfica y culturalmente hablando) las zonas de frontera, legitimaron el avance de los flujos colonizadores y, al mismo tiempo, “des-historizaron” los territorios habitados ancestralmente por pueblos originarios. El no control de estas zonas por parte del Estado abrió un margen para el juego. En este sentido, la frontera “es un lugar de contradicción, es un lugar de oportunidad” en el sentido en que los actores “asisten a un momento de una posible redistribución de las cartas” (Schiavoni 1997, 269).

Esta figura, válida para la frontera entre Argentina y Brasil, tiene enorme parecido con el caso ecuatoriano en la medida en que los discursos oficiales también estuvieron dirigidos a legitimar el avance colonizador (a través de programas dirigidos y semidirigidos), además del desconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas de la Amazonía ecuatoriana. Sin embargo, a diferencia de otros casos, los flujos poblacionales, por lo menos los que tuvieron lugar desde fines de los años 60 del siglo pasado, trataron de crear una nueva identidad territorial en los territorios amazónicos tales son los casos de los lojanos (Nueva Loja) y los manabitas que fundaron una serie de localidades con nombres traídos de sus comunidades de origen.

Los flujos poblacionales hacia la Amazonía

Los territorios de la cuenca de la Amazonía se han convertido, en el lapso de pocas décadas, en el espacio privilegiado para el análisis de la migración interna. Más de un estudio destaca la importancia que ha tenido la emigración hacia la Amazonía dentro de la dinámica demográfica de los países con acceso a la cuenca amazónica (Bilsborrow 2003; Bilsborrow, Barbieri y Pan 2004). Existe consenso, por lo menos en el caso ecuatoriano, que las tasas de crecimiento de la población en los períodos intercensales 1962-1974 y 1974-1982 están relacionadas con las tasas de migración netas, y no tanto, con el crecimiento natural de la población de las provincias del nororiente.

Otra característica destacada de las zonas de colonización es el mantenimiento de tasas globales de fecundidad relativamente altas si se las compara con el promedio nacional. Estos dos componentes de la dinámica demográfica (crecimiento de la población y altas tasas de fecundidad global) constituyen aspectos sobresalientes en las fases iniciales de la colonización. A partir de la información del censo del censo de 2010 se puede constatar importantes flujos migratorios desde la costa y el interior del Ecuador, pero su peso dentro del crecimiento de la población, es mucho más modesto; y lo mismo se podría decir de la tasa global de fecundidad que tiende a disminuir, aunque de manera incipiente.

Las características de la dinámica demográfica en las áreas de colonización han generado patrones específicos de asentamiento poblacional y de acceso a la tierra. Así, los primeros asentamientos tomaron como referencia las vías construidas por las empresas petroleras a lo largo de los ejes de penetración hacia Lago Agrio. Desde este punto, se habilitaron varios ejes de colonización: más de uno en dirección hacia la zona fronteriza con Colombia (General Farfán y Cuyabeno), y otro, hacia la actual provincia de Orellana, pasando por Shushifindi y Joya de los Sachas; los mismos que en la actualidad constituyen importantes polos de crecimiento poblacional (Pichon 1993). Los colonos que arribaron después de los asentamientos pioneros compraron tierras a los jefes de familia de la primera generación y estos últimos optaron por varios caminos: accedieron a nuevas tierras baldías; se mantuvieron en los “frentes pioneros”; o bien, se ubicaron en las zonas urbanas (consolidadas) de las cabeceras cantonales y provinciales.

Si bien se cuenta con estudios sobre la migración hacia la Amazonía (espacialmente, a partir de encuestas aplicadas en las zonas de destino), hacen falta investigaciones que aborden los desplazamientos poblacionales en el interior de la Amazonía y que den cuenta de la movilidad desde las áreas rurales (los antiguos frentes pioneros), hacia las áreas urbanas de la Amazonía, por razones vinculadas a la educación primaria y secundaria, el acceso a salud e infraestructura, la diversificación de actividades, o bien como parte de un proceso de “movilidad social ascendente” como sugieren Bates y Rudel (2004) al analizar un caso de colonización en la provincia de Morona Santiago.

La expansión de la frontera agrícola y la reproducción de economías campesinas

Sobre la reproducción de economías campesinas y el desarrollo del capitalismo en la cuenca del río Amazonas, se ha desarrollado un intenso debate, sobre todo en el caso brasileño a partir de la segunda mitad del siglo XX (Velho 2009; Cardoso y Müller 1977). En el Ecuador, los estudios de los años 80 (Trujillo, Ruiz y Guerrero 1984; Barsky 1982; Vickers 1982) pusieron énfasis, sobre todo, en el despojo de los territorios controlados por los pueblos indígenas y en la creación de las condiciones que posibilitaban el ingreso de las empresas multinacionales dedicadas a la explotación petrolera. En este sentido, la migración y la redistribución espacial de la población en Latinoamérica (y Ecuador no era la excepción) seguía los patrones de localización y desarrollo del capital. Desde esta óptica (Singer 1980), el descubrimiento y explotación del petróleo pasó a convertirse en el eje de desarrollo económico que, no solo atraía como una especie de imán importantes contingentes de población, sino que también ordenaba el territorio con el apoyo decisivo del Estado.

Una parte destacada del debate en torno a la reproducción de economías campesinas tenía que ver con la funcionalidad de este estrato en el desarrollo del capitalismo. En el caso brasileño (Velho 2009), el avance de la población (incluidos los garimpeiros) hacia el centro-oeste del territorio brasileño constituyó una “punta de lanza” que posibilitó desde la década de los 70 la penetración de las empresas capitalistas dedicadas, en un primer momento, al cultivo de caña de azúcar y, posteriormente, a la palma africana y la ganadería. Desde esta perspectiva el campesinado habría jugado un papel importante dentro de “un proceso continuo de acumulación primitiva” (Braticevic 2013).

En el caso ecuatoriano, el ingreso de colonos y la migración interna de kichwas que bajaron desde el alto Napo a los territorios de explotación petrolera, se produjo al mismo tiempo que arrancaban las actividades de explotación petrolera. Así, con la construcción del oleoducto desde Lago Agrio hasta Balao alrededor de 10.000 trabajadores se dirigieron a la Amazonía; de estos, el 8 % decidió quedarse en actividades agrícolas, servicios, comercio y transporte y, hacia 1980, alrededor de 6.000 familias colonas habían ocupado los respaldos de las principales vías de penetración hacia los pozos petroleros (Pichón 1993).1 Pero, cabe aclarar que junto al rol de la explotación petrolera, el Estado jugó un papel importante legalizando la colonización espontánea. En tal sentido, en la empresa de la colonización tuvieron un rol clave no solo los intereses geopolíticos (creación de fronteras vivas), sino también la necesidad de reorientar población desde el interior del país y, lo que no es menos importante, la valorización e incorporación de tierras, que anteriormente fueron consideradas como marginales, al mercado interno.

Desde fines de los 70 hasta inicio de los años 90, a lo largo de los ejes viales señalados anteriormente, se fueron asentando familias colonas que reprodujeron sistemas de cultivo que combinaban la producción de ciclo corto (maíz, arroz y yuca, entre otros) con cultivos permanentes como el café, el plátano y frutales. El impulso de estos sistemas productivos, que han sido ampliamente analizados por varios estudios (Pichón 1993; Uquillas 1982; MAG-PRONAREG-ORSTOM 1982), estuvo relacionado con varios factores: el comportamiento de los mercados locales e internacionales; el desarrollo del ciclo de vida y composición de la unidad familiar campesina; la dinámica del empleo local y regional; y, por último, con las características y potencialidades de los suelos.

Las unidades domésticas familiares, que se asentaron en el nororiente, reprodujeron algunas de las características típicas de las economías campesinas. Una vez que fueron cubiertas las necesidades básicas de las familias a partir de varias estrategias como el desarrollo de cultivos de ciclo corto, el trabajo asalariado en otras fincas (también la venta de posesiones a los nuevos inmigrantes), el trabajo eventual en empresas petroleras y, entre otras, la venta de madera comercial, transitaron al cultivo del café el mismo que garantizaba una integración a la agricultura comercial y la obtención de un margen de excedentes monetarios. El desarrollo de las actividades ganaderas, en cambio, estuvo ligado a otros factores como por ejemplo la localización de la finca, el ritmo de capitalización de los finqueros y de las oportunidades para acceder a un crédito de la banca estatal.

La diferenciación y la movilidad social de los productores dependieron de los factores señalados arriba, por lo menos durante las dos primeras décadas de la colonización en el nororiente. Esta etapa de auge y desarrollo de la colonización duró hasta cuando el Estado (hacia fines de los 70) tomó medidas para la delimitación de las áreas protegidas, parques, reservas, bosques protectores y territorios indígenas. De ahí que se afirme que estas iniciativas significaron, de un modo u otro, un freno a la colonización (Bustamante 2016).

Expansión de frontera agrícola, demografía y deforestación

La presión de los asentamientos poblacionales (específicamente, las altas tasas de crecimiento de la población) sobre las áreas de bosque de la Amazonía ha sido otro de los temas debatidos dentro del ámbito de las transformaciones territoriales de las zonas de la cuenca amazónica. En este debate, han sido muy llamativos los estudios impulsados por un grupo de investigadores pertenecientes a la Universidad de Carolina del Norte (Bilsborrow 2003; Bilsborrow, Barbieri y Pan 2004) y también Pichón (1993), los mismos que han impulsado estudios con diseños cuantitativos con la finalidad de determinar, entre otros temas, las variables intermedias de la deforestación. No obstante, que en conjunto, los diversos estudios aceptan la tesis de que en el proceso de deforestación de la Amazonía participan diversos actores sociales (el Estado, desde sus intereses geopolíticos, hasta las empresas agroindustriales, pasando por las empresas dedicadas a la explotación de minas e hidrocarburos), los autores citados han enfatizado el papel de las familias campesinas en la medida en que estas últimas, de cara a la reproducción cotidiana y generacional, se ven obligadas a adoptar estrategias orientadas a una rápida conversión del bosque primario en cultivos. En los primeros años esta estrategia resulta vital para el logro del sustento de la familia, pero puede cambiar una vez que se estabilizan los asentamientos y se crean las condiciones para un tipo de agricultura más intensiva.

Al parecer, factores demográficos tales como la migración, el comportamiento de la fecundidad global y la dinámica del ciclo de vida de las unidades familiares en las zonas de colonización, jugaron un papel importante en el ritmo de la deforestación en las etapas iniciales de la colonización. No obstante, estas variables no pueden ser consideradas de manera separada y tampoco como dimensiones aisladas de las características sociales de las sociedades de frontera. Se puede notar que cada una de ellas ha contribuido de manera particular a configurar las características de los asentamientos poblacionales de la Amazonía.

Así, la migración interna constituye uno de los fenómenos más visibles del proceso de colonización. Desde una perspectiva general, este último fenómeno forma parte de un proceso más amplio en la medida en que una buena parte de las corrientes migratorias hacia el nororiente se produjo de manera escalonada. Una proporción significativa de los colonos estuvo previamente en otras provincias de la costa y particularmente en Santo Domingo –en ese entonces- de los Colorados y contaba con ciertos conocimientos de agricultura tropical e, incluso, de manejo de ganado vacuno. Se trató, por otra parte, de corrientes migratorias compuestas principalmente por hombres en edades de trabajo, con bajos niveles educativos y que provenían, sobre todo, de Loja, Manabí, Bolívar y el citado cantón de Santo Domingo de los Colorados.

De acuerdo con los datos de una primera encuesta aplicada en el nororiente por Pichón (1993) en el año de 1990, alrededor del 71% de los colonos entrevistados era agricultores en sus zonas de origen; el 83% provenía de áreas rurales; y, las dos terceras partes de estos tenían tierras en las zonas de emigración. De lo dicho, se desprende que las zonas pioneras, por lo menos hasta finales de los 90, estaba compuesta por población joven y, por lo tanto, en edad reproductiva, aspecto que está relacionado con altas tasas de fecundidad, pero también con altas tasas de mortalidad general e infantil. Algunas investigaciones demuestran que, para compensar las altas tasas de mortalidad, se observa una tendencia a incrementar el número nacimientos (en los estratos de mujeres en edad reproductiva), sobre todo en condiciones en que el costo de oportunidad se inclina hacia un mayor número de hijos en circunstancia en que las mujeres no tienen otras fuentes de ingreso, el acceso a la tierra es inseguro y se cuenta con reducida oferta de medios anticonceptivos (Carr 2004).

Considerando que las familias colonos toman posesión de las nuevas tierras en pleno ciclo de crecimiento natural (con hijos en edades tempranas), el ritmo de la tumba de bosques en los primeros años del asentamiento es moderado y solo se va incrementando en la medida en que los hijos crecen y se convierten en unidades de trabajo plenas. De ahí que, en las zonas de colonización, en la práctica, múltiples factores pueden conducir a procesos relativamente rápidos o lentos de la deforestación. En el caso ecuatoriano, estos factores o variables intermedias tuvieron que ver en los años 70 y 80 con una errada política del Estado que estimulaba la conversión de los bosques primarios en pastizales a cambio de créditos para la compra de ganado. De aquí, en ese contexto, surgió el calificativo de los colonos como “ganaderos sin ganado” (Barral 1978).

De acuerdo con lo anterior, el tema de los efectos de la colonización sobre la deforestación merece todavía un análisis más detallado partiendo de la tesis de que si bien existe una “correlación positiva entre crecimiento demográfico y deforestación a nivel de macro escala espacio-temporal”, existen pocas evidencias de que a nivel micro (unidad familiar y comunidad) se verifique una asociación significativa entre estas dos variables (Carr 2004, 2). En efecto, en el ámbito local resulta clave considerar aspectos relacionados el mercado de tierras, la demanda de productos agrícolas y agroindustriales, el uso de la tecnología y los insumos agrícolas, así como las prácticas y representaciones sociales de los diversos actores sociales en torno a los temas de conservación y explotación de los recursos naturales.

De hecho, en el caso ecuatoriano, en las etapas iniciales de la colonización y, sobre todo, en los frentes pioneros se observan procesos sostenidos de deforestación. Sin embargo, aspectos tales como el empleo temporal de los jefes de familias y sus hijos mayores en las actividades petroleras, así como las políticas de delimitación de las áreas protegidas y los territorios de los pueblos indígenas, se convirtieron en frenos para la ampliación de la frontera agrícola y la deforestación. En definitiva, los nuevos flujos de migrantes que arriban a las zonas de colonización se topan con tierras ya ocupadas, es decir, zonas estabilizadas, con escasas áreas de bosque primario y en este sentido el efecto de la colonización sobre la deforestación es muy reducido o casi nulo (Carr 2004). Desde fines de los 90 y comienzos del nuevo milenio, los inmigrantes en busca de tierras optaron por comprar tierras a los antiguos colonos. De ahí que, en 1999, Bilsborrow et al. (2004) constató que en el nororiente solo un 30,6%, de un total de 886 fincas, no habían sido divididas.

Los aspectos considerados nos conducen a nuevos tópicos de investigación, a saber, la fragmentación de la tierra e incluso, el surgimiento de un fenómeno inédito como el de la minifundización. A este tema se agrega otro, y que ha sido mencionado líneas arriba, relacionado con la tendencia hacia la concentración de la población en las áreas urbanas y el desarrollo de complejas relaciones entre las áreas de antigua colonización y los nuevos espacios del desarrollo local cruzado por la emergencia de nuevos actores, actividades económicas y discursos de desarrollo impulsadas por la élites locales y regionales.

Los conflictos socioambientales en la Amazonía

A partir del ingreso de las empresas trasnacionales dedicadas a la explotación petrolera y de las contradicciones del Estado ecuatoriano en torno al manejo de los territorios y los recursos de la Amazonía, se constata un incremento de los conflictos socioambientales no solo entre las empresas petroleras y los pueblos indígenas, sino también entre estos últimos y los colonos.2 En este marco, fueron ganando terrenos otros actores como las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) nacionales e internacionales, al tiempo que se fue conformando una masa crítica compuesta por investigadores, activistas y dirigentes indígenas preocupados por la rápida expansión de los territorios bajo explotación petrolera y los impactos ambientales sobre las áreas controladas ancestralmente por los pueblos originarios. De esta compleja problemática surgió una línea de investigación sobre conflictos socioambientales que ha puesto en evidencia, sobre todo, el papel preponderante del Estado, no solo en la extracción de recursos al amparo del capital trasnacional, sino también en el proceso de ordenamiento territorial, vía legitimación de la colonización y asignación de tierras tanto a las empresas madereras como agroindustriales.

Los conflictos socioambientales más emblemáticos y que revelan, en buena medida, la complejidad de la ocupación y explotación de los recursos localizados en los territorios amazónicos son los de Yasuní y Cuyabeno, en los que han participado no solo los pueblos indígenas (sionas-secoyas, cofanes y kichwas) sino también los colonos, las ONGs y, por supuesto, las compañías petroleras nacionales e internacionales apoyadas por el Estado. A estos últimos, se suman los conflictos entre las secoyas y la empresa Occidental y el caso emblemático del conflicto entre los kichwas de la Organización de los Pueblos Indígenas del Pastaza (OPIP) y la empresa ARCO-AIP en el bloque 10 (Fontaine 2003).

En su debido momento, todos los conflictos mencionados constituyeron una pequeña muestra de las ambigüedades del Estado en el manejo no solo de las políticas ambientales, sino también de las políticas agrarias. En este sentido, el Estado terminó privilegiando las iniciativas de las empresas trasnacionales a quienes otorgó una especie de “patente de corso” en el nororiente. En este proceso, la intervención de otros actores, como los emplazamientos militares y los gobiernos locales, actuaron favoreciendo un tipo de racionalidad económica (y la tesis del progreso nacional) en desmedro de las visiones e intereses de los “otros” en este caso de los pueblos indígenas y las políticas alineadas en torno a una gestión sustentable de los recursos naturales.

El desarrollo agroforestal y la agricultura intensiva: enfoques contrapuestos

Dentro del panorama de las principales transformaciones territoriales de la Amazonía no se puede soslayar el papel que han jugado las políticas agrarias en los procesos de desarrollo del sector agrícola y ganadero. Entre el inicio de la colonización (fines de los 60) y la actualidad, varias políticas y programas se han ensayado en la región con la finalidad de promover el desarrollo de las pequeñas y medianas unidades de producción agrícola y pecuaria. Desde mucho antes de la colonización en las provincias petroleras, el Estado ya había iniciado programas de colonización dirigidos o semidirigidos, los mismos que constituyeron un fracaso, ya sea por la heterogénea composición y diversidad de los colonos, por debilidades de los sistemas pre-cooperativos y por las motivaciones de sus miembros (orientadas en mayor medida al acceso a la tierra). En contraste, el modelo que sí funcionó fue la colonización espontánea y la rápida expansión de los frentes pioneros a partir de la deforestación. En pocas palabras, los colonos pioneros “vivieron de la madera” y, en algunos sectores, también de la especulación de la tierra a través de la venta de fincas (posesiones con un pequeño rancho) a los nuevos inmigrantes en busca de tierras.

Desde comienzos de los 80, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), consciente de la fragilidad del suelo y de la existencia de reducidas extensiones de áreas con aptitud para la agricultura intensiva, propuso un modelo de explotación que combinaba cultivos de ciclo corto, permanente, siembra y reposición de especies forestales maderables y ganadería a partir de variedades de pasto más amigables con los ecosistemas regionales. Este enfoque funcionó parcialmente y se encontró con fuertes resistencias, no solo por parte de los colonos interesados en la explotación de la madera y la ganadería extensiva, sino también de los comerciantes intermediarios y de los propietarios de los centros de expendio de agroquímicos. A esto se sumó la existencia de visiones en torno al desarrollo agropecuarios encarnadas en los técnicos de las mismas instituciones públicas (en ese entonces, el MAG3 y los organismos de desarrollo regional) que propugnan, por una parte, las bondades de la agroquímica y, por otro lado, técnicos partidarios de visones del desarrollo agropecuario más sustentables.

Si a los enfoques señalados se añaden las propuestas provenientes de la agroecología y además, las prácticas de los pueblos indígenas (cuya expresión, entre otras) tiene que ver con el desarrollo de la chakra, tenemos una trama compleja de estilos y modelos de desarrollo que en la actualidad se encuentran en disputa.4 Este debate tiene más vigencia todavía si se considera que el modelo de desarrollo basado en la explotación petrolera ha entrado en franca decadencia (Larrea et al. 2009). De ahí la necesidad de impulsar propuestas que protejan la biodiversidad, la equidad social y el respeto a los derechos económicos, sociales y culturales de los pueblos indígenas en general.

Los artículos de este número

Los artículos del presente número de la revista EUTOPÍA aportan al debate de las transformaciones territoriales de la Amazonía desde diversas ópticas y en su mayoría, constituyen el resultado de investigaciones novedosas que combinan la reflexión teórica con información obtenida de fuentes primarias. Por lo menos tres de los artículos presentados, se refieren a la situación problemática por la que atraviesan los pueblos indígenas en el marco de la defensa de los derechos sociales, económicos y culturales en los casos de Brasil y Ecuador. El primero de ellos, aborda la compleja situación de los pueblos kichwas de la provincia de Sucumbíos en lo referente a las prácticas de cacería de animales de monte en los territorios en donde desarrollan sus espacios de vida. En el artículo se pone de manifiesto las contradicciones evidentes entre las disposiciones legales (Código Orgánico del Ambiente y Código Orgánico Integral Penal) que, por un lado, legalizan las prácticas culturales de caza, pesca y explotación de la madera (siempre y cuando no tengan fines comerciales) y, por otro, criminalizan estas mismas prácticas en ciertos contextos locales; no obstante que forman parte de un acervo de conocimientos tradicionales que se encuentran estrechamente asociados a la reproducción cotidiana de las familias y los grupos sociales en cuestión.

La situación de los grupos indígenas de esta parte de la región amazónica se vuelve más compleja todavía, en circunstancias en que las empresas trasnacionales y la colonización mestiza va clausurando de manera paulatina el acceso a los bosques y la cacería, ya sea porque existen derrames de petróleo, contaminación del aire y de las aguas de los esteros y ríos de las comunidades lo que afecta a la pesca y ahuyenta a los animales. Los autores, Diana Massa y Felipe Terán sugieren algunas salidas apelando a la participación de los grupos indígenas y a la identificación de medidas de control que surjan desde el seno mismo de las comunidades.

El artículo de Iván Narváez también rescata el tema de los derechos de los waorani en el contexto del manejo y gestión de la territorialidad del Parque Nacional del Yasuní. En su artículo Amazonía: cambio de la comprensión de la territorialidad al interior del territorio waorani (los derechos indígenas) plantea que a lo largo de los últimos años, diversas causas mantienen y reproducen una situación de aislamiento y subordinación de estos pueblos a la lógica del Estado y de las empresas trasnacionales. En efecto, la sedentarización, el surgimiento de formas de organización territoriales cercanas al sistema de ordenación político-administrativo del Estado ecuatoriano y, entre otras, la construcción de vías de segundo orden, junto con la introducción de prácticas productivas, que introducen cambios en los ecosistemas, están contribuyendo, en último término, al debilitamiento de la cohesión social de los pueblos indígenas del Yasuní y, por último, al incremento de la conflictividad social.

Un tercer artículo rescata un tema que ha sido abordado con mayor frecuencia en Brasil y Argentina, países en los que, durante los últimos años, la construcción de grandes obras de infraestructura (hidroeléctricas) ha significado no solo la postergación de los derechos de los pueblos indígenas, sino su expulsión violenta. En este sentido, el artículo de Lucas Milhomens y María da Glória Gohn muestran la capacidad organizativa de los pueblos indígenas en condiciones adversas. Los autores acuden al concepto de “redes de movilización” para analizar la resistencia de los pueblos indígenas ante poderosos intereses detrás de la construcción de la Usina Hidrelétrica de Belo Monte en Brasil. En dichas redes, juegan un papel importante varios actores y organizaciones sociales vinculadas a los indígenas con posibilidades de articular propuestas de resistencia a través de los medios sociales y digitales.

El trabajo de Pablo Jarrín, Luis Tapia y Giannina Zamora, Demografía y transformación territorial: medio siglo de cambio en la región amazónica de Ecuador, constituye un ensayo que interpreta las principales transformaciones demográficas de la región amazónica ecuatoriana. En el artículo se trata de responder a la pregunta de si el crecimiento demográfico de las provincias amazónicas puede contribuir al desarrollo o bien, si en el corto plazo, este proceso puede acelerar la conflictividad social.

El trabajo de Thiago Oliveira Neto, si bien corresponde a un estudio de caso, constituye un buen ejemplo del proceso de ocupación de tierras y expansión de frentes agrícolas en el caso de Brasil. En este caso, el Estado a través de la construcción de carreteras, contribuye a la expansión y consolidación de economías campesinas, además de la integración de tierras marginales a los mercados regionales. A través de la historia del asentamiento poblacional en Realidad (poblado localizado en la vía BR-319 km 570), Oliveira Neto da cuenta de los mecanismos particulares que suelen adoptar la mayoría de los asentamientos poblacionales en el proceso de integración a los mercados locales. El autor acude a los conceptos desarrollados por Chayanov en el comportamiento de las unidades económicas familiares, pero también está consciente de los vínculos de estas economías con el sistema capitalista mayor.

Por último, el artículo de Viviana Buitrón C. sobre la migración de grupos saraguros a Morona Santiago da cuenta de procesos de expansión y reproducción de economías campesinas en áreas de colonización. La autora acude al concepto de “coalición múltiple” para explicar el proceso de asentamiento y acceso a los recursos en una zona del Alto Nangaritza en el suroriente del Ecuador. Gracias a diversos factores, entre los que se cuentan la construcción de vías y la consolidación de un mercado que demanda en forma creciente productos derivados de la ganadería, Buitrón C. explica el proceso mediante el cual los grupos saraguros reproducen economías campesinas con base en la producción agrícola y, sobre todo, ganadera.

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Notas al pie


1 A estos contingentes se sumaron los colonos que arribaron a las cercanías del campamento de la Texaco en la actual Nueva Loja. Estos colonos pioneros (que no necesariamente venían a trabajar en las actividades petroleras) estaban motivados por la idea del progreso y la fundación de un pueblo. Son indicativas, en este sentido, las declaraciones de colonos pioneros pertenecientes a las familias Añazco y Rojas que provenían de Loja. Si bien una corriente migratoria importante fue la de Loja hacia el nororiente, otras estuvieron compuestas por población manabita y bolivarense.

2 Esta posición ambivalente del Estado frente a los pueblos indígenas y la prerrogativa de incrementar los recursos del erario nacional vía exportación de petróleo, G. Fontaine (2003) la denomina como una “situación de esquizofrenia del Estado”.

3 Ministerio de Agricultura y Ganadería.

4 El análisis de este panorama es todavía cátedra pendiente para los estudios interdisciplinarios en la Amazonía